Ceguera deliberada 
 

"Blindness willful"
 

por Mario Hernán Laporta*



Recientemente, la Sala II de la Cámara de Casación Penal, órgano que se encuentra en la cima del organigrama judicial penal, dispuso -con el voto de los Doctores Guillermo Yacobucci y Luis García-, disponer la libertad de varios acusados por delitos contra la humanidad.
En forma inmediata, varios personajes públicos, incluida nuestra Presidenta, salieron corriendo a los medios a expresar su rechazo por la decisión, centrando su crítica fundamentalmente sobre la persona de los jueces (incluyendo también al magistrado disidente, Gustavo Mitchell), cosa entendible, pues nadie había leído el fallo antes. Inclusive, nuestro honorable Senado, el mismo día que discutía el "blanqueo" de capitales y la nueva moratoria impositiva, se tomó un descanso y aprobó un proyecto de resolución "repudiando la liberación de represores acusados de delitos de lesa humanidad", naturalmente, sin conocer el pronunciamiento (allí además, el senado instó "a la Procuración General de la Nación a que interponga los recursos necesarios ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación contra la sentencia que otorga la libertad a represores acusados en causas de delitos de lesa humanidad"). Nada mejor que una buena y siempre a mano falacia ad hominem cuando no se tiene alguna razón para transmitir una idea. Teoría de la argumentación: postulado menos que básico.
Hagamos entonces un resumen de las cosas que hemos tenido que escuchar y leer en los medios:
Nuestra Presidenta dijo: "Hoy es un día de vergüenza para los argentinos y para la humanidad, y también para nuestro sistema judicial"; la siguieron otros funcionarios, así, el ministro de justicia, Aníbal Fernández, dijo: "Para mí es un fallo del peor conservadurismo del Poder Judicial que no beneficia a un vulnerable sino a los peores represores ", por su parte, el titular de la Secretaría de Derechos Humanos, Luis Duhalde, luego de amenazar con el pedido de juicio político a los jueces del fallo, afirmó: "No me cabe la menor duda de que todavía en el Poder Judicial hay elementos que conspiran contra la administración de justicia del propio Poder Judicial, porque continúan enquistados en el mismo hombres que fueron nombrados durante la dictadura militar por participar de la misma ideología represiva" y que "no se aplicaron las leyes vigentes, ni la jurisprudencia de la Corte"; el Jefe de Gabinete, Sergio Massa, dijo que el fallo es "una chicana judicial"; la diputada Victoria Donda, expresó: "No me sorprende porque es precisamente esta Cámara de Casación Penal la que tiene una estrategia de beneficiar a los genocidas". "Esa sala debería sentir el rigor institucional de la Cámara de Senadores y un mensaje institucional de la Corte Suprema. Estamos hablando de una cosa muy grave", ladró el senador Ernesto Sanz. Tampoco pudo faltar la opinión de la consejera Diana Conti: "ahora, liberan a los represores detenidos basados en el paso del tiempo. Esta sistematización de la actuación no sólo es repudiable sino que constituye mal desempeño", sin saberse qué entiende por "sistematización", ni mucho menos puede comprenderse su criterio de "mal desempeño".
Estas, entre algunas otras, son las opiniones de funcionarios que surgieron en los medios, sin contar varias apreciaciones de las partes y sus patrocinantes (que paradójicamente no fueron tan necias ni tan duras), periodistas, y los opinadores ocasionales (que muchas veces suelen confundirse con aquéllos) que siempre encuentran algún motivo para arañar una línea editorial o un segundo televisivo o radial.
Me motiva escribir estas líneas no sólo el respeto y admiración que siento por los jueces de la mayoría, sino también, por la conciencia cívica que como -iniciado, y quizás si no fuera por ello, no me animaría a escribir esto- profesional del derecho creo que debo expresar (me cuesta decir lo mismo del juez disidente, pues sólo para este caso y a diferencia de lo que venía sosteniendo expresamente en varias situaciones idénticas, ahora entiende que la ley 24.390, modificada en el 2001, es "procesal" y por eso no se aplica ultraactivamente). Guillermo Yacobucci, a quien además aprecio como a un amigo, cuando le transmití mis palabras de aliento por el injusto ataque recibido, me respondió (y pido disculpas por hacer pública su respuesta, pero el que es republicano, lo es siempre y no sólo frente a la muchachada): "tanto Luis como yo opinamos que para eso somos jueces, si no, no vale la pena".
Guillermo Yacobucci y Luis García son jueces que nos marcan el camino de lo que debe ser, jueces que cada día dan el ejemplo, y que quienes tenemos "fe en el derecho" sabemos que en todos los casos y sin excepción, van a decidir lo que su conciencia entienda como lo justo; y esto, es algo que, me atrevo a afirmar, toda la comunidad jurídica comparte (y si no, desafío a que al menos dos personas puedan contradecirme con una mano en el corazón y con algún fundamento plausible).
Pienso que las críticas que recibieron estos jueces es injusta y que, al ser realizadas por funcionarios de los otros poderes, tienen como único objetivo intentar (y no creo que, tratándose de ellos, pueda caber otra forma verbal) afectar su independencia (incluso, como si el subconsciente se le hubiese puesto en un primer plano, nuestra primera mandataria, antes de lanzar su crítica, advirtió que con eso no avasallaba el rol de los jueces -que es equivalente a decirle a un calvo: "mire, yo no me estoy burlando, pero eso que tiene Ud. en la cabeza es una pista de aterrizaje para piojos", o prescindiendo del ejemplo, es creerse que uno puede dominar la dimensión ilocucionaria de un acto del habla, creerse un dominus de lo convencional-). Creo (profanamente) que esta reacción espasmódica quedará en la nada, o bien, será un elemento de los factores políticos para intentar (nuevamente, sólo eso) dirigir las decisiones de los jueces cuestionados, blandiéndoles el antecedente, en forma negativamente preventiva.
No tiene mucho sentido aquí defender los argumentos del fallo, no hay otros para contrastarlos. No existe en nuestro sistema procesal penal la posibilidad de encarcelar preventivamente sin límite temporal, si esto fuera posible, entonces el aseguramiento del proceso se confundiría necesariamente con la aplicación de la sanción. Y no hace falta seguir insistiendo con que esto está proscripto constitucionalmente (Daniel Pastor, hace unos días en ElDial.com tuvo que explicarlo -refiriéndose a este tema- como si fuera a chicos de primaria, porque parece que hay gente que todavía no lo entiende, y que generalmente se ubica alrededor de la cima de los poderes legislativo y ejecutivo). La Casación simplemente reiteró lo que dice expresamente la Constitución Nacional, los pactos que la integran, lo que la Corte repitió para casos análogos, lo que los órganos jurídicos interamericanos pautaron como estándar del encarcelamiento cautelar y no sólo eso, sino que lo que lo que la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos -cuya doctrina en ciertos casos suele entenderse de aplicación ineludible- nos mandó a hacer hace menos de dos meses (sí a nosotros, a Argentina, el caso "Bayarri" es contra nosotros y es por mantener en prisión preventiva a una persona más de lo razonable). ¿Curioso, no?
Incluso, si los críticos estatales se hubiesen tomado la pequeña molestia de hojear el fallo, se habrían dado cuenta que el mensaje es justamente el contrario al que ellos le achacan a los jueces. Si el tribunal oral hubiese, al menos, fijado fecha para el inicio del debate, la prórroga de la prisión preventiva hubiese sido quizás plausible. Esto lo dice el fallo explícitamente. Ups! ¡La casación estaba dándole un tirón de orejas al tribunal por demorar el comienzo del juicio! ¿Y si hubieran visto el fallo antes de hablar o, peor aún, antes de emitir un acto legislativo? ¡Qué vergüenza!
Es difícil saber si los funcionarios hubiesen opinado igual de haber leído el pronunciamiento, realmente, lo dudo, pero la propia fuerza de los argumentos que los jueces expresan, rebaten línea a línea los embates recibidos. ¿Vergüenza? Eso me da oír a nuestra presidenta hablando por hablar, sin saber, y sólo para quedar bien frente al ocasional auditorio; ¿Conservadurismo? ¿No será una catarsis? ¿Qué hay para conservar? ¿Hombres nombrados por la dictadura militar? ¿Yacobucci y García lo son? A mí tampoco me gusta cómo funciona el Consejo de la Magistratura, ¡pero no era para tanto! ¿Son elementos que conspiran contra la administración de justicia? Lo invito al Sr. Luis Duhalde a verlos trabajar sólo un día y le recomiendo que lleve medicación para el estrés, y mucha. Me da risa y eso que no llegué al argumento ese de que "no se aplicaron las leyes vigentes, ni la jurisprudencia de la Corte" (parece el típico discurso de un "abogado, jurisconsulto y manyapapeles", macaneando a su cliente); ¿Chicana judicial? ¿Es esto un chiste, Sr. Massa? Yacobucci y García fueron designados sobre mediados de este año como subrogantes en la sala II de la casación, ¿cómo se habrá desarrollado su estrategia para beneficiar a los genocidas mientras ponían al día la Sala II de casación? ¿Les habrá quedado tiempo para eso? Sépalo lector, los fallos de la Sala II son ahora de consulta ineludible, son un lujo y además, salen rápido (pero lo mejor de todo, es que son públicos y cualquiera, inclusive un ministro o un senador, los pueden consultar en el noveno piso de Comodoro Py). ¿La Sala II debería "Sentir el rigor institucional de la Cámara de Senadores"? He revisado toda la Constitución Nacional, sin poder encontrar en qué lugar la Cámara de Senadores tiene adscripta alguna función para aleccionar al Poder Judicial (o para mandarle hacer algo a la Procuración General). ¿Y Ud., estimado lector? Indíqueme dónde, por favor.
Pero al margen de todas estas pequeñeces, lo que más preocupa es que algunos consejeros, rápidos de reflejos, ya hayan amenazado a los jueces con un pedido de juicio político, incluso aseverando que este fallo implica un mal desempeño. Afortunadamente, esto lo dijeron el mismo día del pronunciamiento, no vaya a ser cosa que luego quieran inventar alguna otra causal de remoción que se agregue al del contenido de una sentencia. Les adelanto a los consejeros: amenacen tranquilos, 100% seguro que Yacobucci y García seguirán fallando lo que piensan, no son como algunos de ustedes, tienen convicciones, tienen conciencia cívica, nos enorgullecen con su trabajo diario y son un ejemplo para los argentinos. ¿Se puede decir lo mismo de los funcionarios que los atacan?
No es infundado el consenso social que entiende que nuestro país ha desmejorado notoriamente su calidad institucional. Si un tribunal dicta un fallo, lo esperable es que las partes interesadas que se sientan agraviados lo recurran, nada más. Eso pasa en cualquier Estado de Derecho, y en cualquier Estado de Derecho, los funcionarios de los demás poderes no intentan amedrentar a los jueces para que fallen conforme una idea -en nuestro caso, la demagógica y proselitista que toque por turno- por muy importante que sea. Un Estado de Derecho implica aceptar que a quien se acuse de, en su momento, haberlo negado, para juzgarlo por eso, no se le pueda aplicar el talión.
Muchísimos argentinos tuvimos la suerte de no vivir las épocas en que se negó la República y la Democracia, principalmente, arrasando con todas las cláusulas constitucionales posibles; por favor funcionarios de hoy, paren un poco la pelota, sólo demuestran su intencionada ceguera ¿o no se dan cuenta que están haciendo lo mismo?

 
 

* Abogado y docente universitario
mariolaporta@laportasandro.com.ar

 

NdeR: La Dirección de Fojas Cero no comparte los argumentos de este artículo en su totalidad. Se publica para generar un debate enriquecedor.

 Esta nota fue publicada en Fojas Cero Nº 190 de Febrero de 2009
 
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