Pasacalles, afiches,
pegatinas, muestran el clima electoralista de los abogados porteños
y el frío revela que el verano quedó definitivamente
atrás, más allá del almanaque. En busca de un
reparador cafecito entré en Ulpiano.
Allí
estaban las chicas de gran charla, como de costumbre.
-¡Hola!- dije interrumpiendo
la charla.
-¿Qué tal
Juancho?- me respondió Juanita.
-¿Te enteraste
que la Corte le dio vía libre a Patti para que asuma la banca
de diputados de las elecciones de 2005?- dijo Patricia como para ponerme
en tema.
-Si, escuché por
la radio, y ayer leí la página que escribió Miguel
Bonasso en Crítica- respondí.
-Yo creo que Patti es
indigno para asumir un cargo, estando procesado por delitos de lesa
humanidad- dijo Patricia indignada.
-Yo creo que la Corte
en su fallo hizo justicia, más allá de que te guste
o no el resultado, y creo que esa es la garantía de independencia
que tanto le reclamamos a la justicia- dijo Juanita.
-¡Fíjense
quiénes votaron por el ingreso de Patti a su banca! ¿Vos
podés pensar que Zaffaroni y Carmen Argibay votaron porque
lo quieren a Patti? Yo creo que el ataque al hígado de Carmen
se le produjo por tener que votar a favor de Patti para ser consecuente
con sus convicciones- dije
-¿Qué ataque
al hígado?- preguntó Patricia.
-El sábado estaba
participando de un congreso organizado por la Corte Suprema de Santa
Fe y la Defensoría del Pueblo y se descompuso. Primero la internaron
en Santa Fe y luego la trasladaron al Instituto del Diagnóstico
donde la operaron de la vesícula el mismo sábado a la
noche- respondí según informaron los medios.
-Si, yo la escuché
con Nelson Castro el viernes y ella dijo que había votado de
acuerdo a los principios y que esos principios son inclaudicables,
se trate de quien se trate- agregó Juanita.
-También dijo que
los diputados podían quitarle los fueros para que pueda seguir
siendo juzgado por los delitos que cometió- añadí.
-En realidad lo que la
Corte hace es repetir el fallo Bussi, en el que dispuso que los diputados
se habían excedido en su potestad, porque las causas por las
cuales se le había impedido asumir la banca eran anteriores
a la realización de las elecciones y en consecuencia debió
haberse impugnado la candidatura en su momento- explicó Juani.
-¡Pero ahora está
procesado por desaparición, torturas y homicidio!- exclamó
Patricia.
-Por eso es que ahora
sí le pueden pedir el desafuero para continuar con el enjuiciamiento-
respondió Juanita.
-Pero es que para pedir
el desafuero primero hay que tomarle juramento y que asuma su banca,
y para eso lo tienen que dejar en libertad- argumentó Patricia.
-Si, es lo que dice Bonasso
en Crítica: "Sería un absurdo dejarlo entrar a
Patti en la Cámara y otorgarle los fueros correspondientes,
para luego quitárselos a fin de que los jueces vuelvan a meterlo
preso"- afirmé.
-Además él
sostiene que si la Cámara tiene la facultad que le da el artículo
66 de la Constitución de expulsar a un diputado con los dos
tercios de los votos, como hizo en el caso Luque, en consecuencia
"si puede excluir, también puede impedir que ingrese"-
agregó Juanita.
-Yo sigo insistiendo en
que Patti no puede formar parte del Congreso estando procesado por
la cantidad de delitos que lo está- repitió tozuda Patricia.
-El caso es idéntico
al de Bussi, porque también cometió delitos de lesa
humanidad, y con anterioridad ejerció cargos electivos. Patti
fue intendente y hasta candidato a gobernador y Bussi fue gobernador
de Tucumán, pero claro, en aquel momento estaban protegidos
por las leyes de obediencia debida y punto final- expliqué.
-Pero ahora está
procesado, detenido y próximo al juicio oral y dejarlo libre
para que asuma es retroceder unos cuantos casilleros y ya han pasado
treinta años desde que cometieron los delitos. Los familiares
de las víctimas se merecen escribir la última página
de una historia de sufrimientos- sentenció Patricia muy seria.
-Creo que este asunto
va a generar un conflicto de poderes, porque si la Cámara sigue
insistiendo con no tomarle juramento el enfrentamiento se va a convertir
en un tema institucional- reflexionó Juanita.
Miré el reloj,
advertí que el recreo para mi había terminado y partí
raudamente hacia la próxima audiencia.