Entré en Ulpiano
-siempre se vuelve al primer amor- y enfilé hacia el fondo.
Con el primer sorbo de
café y los titulares de primera plana en mi retina apareció
la barra y copó la mesa.
-Hola, Juancho- dijo Juanita,
que encabezaba la manifestación.
-Hola, chicos, comment-ça-va-
les dije haciendo gala de mi francés básico.
-Ça bien, ça
bien- me contestó Patricia siguiendo el juego.
-¡Très jolie!
- añadió María Teresa con su mejor sonrisa.
Cuando ya todos estaban sentados apareció Pablo, con su andar
cansino.
-¿Qué tal,
chango?- dijo arrimándose al fogón.
-Nosotros bien, a Dios
gracias, ¿y vos? - le contesté.
-Mirá, asombrado,
vengo de ver una sucesión que me dejó perplejo- respondió
con su tonadita provinciana.
-¿Qué puede
tener de extraña una sucesión? Salvo la pelea entre
los herederos por el reparto del botín- dijo Patri.
-No, hermanita. Aquí
la cosa no es con los herederos, sino con el testamento- agregó
para clarificar la duda.
-¿Es un testamento
ológrafo y desconocen la autoría?- trató de adivinar
Juanita.
-No, el tema es más
complicado, porque el testamento no se puede acompañar al expediente,
está escrito en una pared- clarificó Pablo sonriendo.
-¿Cómo?
- dijimos todos a coro asombrados.
-Si, como escucharon.
En el juzgado no sabían para donde agarrar. Para colmo esto
comenzó en la época en que los Juzgados especiales se
convirtieron en Civiles y no tenían ninguna experiencia en
procedimiento sucesorio- relató calmadamente.
-¿Y qué
hicieron? - preguntó Juanita intrigada.
-Mirá, el asunto
lo estudiaron, le pidieron la opinión a todo el mundo, y después
de muchos cabildeos resolvieron que el Juez se constituyera en el
lugar con un escribano y un perito calígrafo a fin de protocolizar
el testamento- contó.
-Digo yo, el muerto estaba
chiflado. Cómo se le va a ocurrir escribir sobre una pared-
dijo Patricia.
-Y sí, algo chiflado
estaba. Después que escribió en la pared el testamento
se pegó un tiro en la cabeza- aclaró Pablo.
-¿Y el juez aprobó
el testamento? - inquirió Juanita.
-No tuvo más remedio.
El código sólo dice que el testamento ológrafo
debe ser escrito de puño y letra del testador, pero no dice
en ningún lugar que deba serlo sobre papel, aún cuando
esto es lo habitual y razonable- agregó Pablo con aire de sapiencia.
-¿Te imaginás
al pobre heredero? - dijo María Teresa -Hasta que se aprobó
el testamento debe haber hecho guardia día y noche para que
nadie pintara la pared.
-Realmente, se pasó
el finado con la broma- dije con sorna.
-Si de bromas se trata,
a mi me contaron una más macabra- dijo Patricia con destellos
de picardía en sus ojos.
-¿De qué
se trata? - preguntó María Teresa intrigada.
-Me lo contó un
juez civil, hoy ya retirado de la función. El causante era
de origen español, soltero y sin familia. Al morir aparece
un testamento por el cual instituía herederos a todos sus amigos,
que sumaban veinte. El acervo hereditario estaba integrado por un
inmueble donde vivía el difunto y un gran baúl, terriblemente
pesado y atado con cantidad de cadenas aseguradas por varios candado-
relató Patricia.
-¿Y qué
tenía el baúl? - preguntó Juanita.
-Eso se supo al final.
Pero esperá que te cuento la historia completa. El juez, presumiendo
que el contenido del baúl fuera de gran valor, lo hizo trasladar
al Juzgado y solicitó a la Policía Federal custodia
permanente. Terminado el trámite legal de aprobación
del testamento y estando los veinte herederos presentes, el Juez y
el Secretario, se procedió, mediante los servicios de un cerrajero,
a la apertura del cofre. Me contaba el juez que mientras el cerrajero
iba "violando" uno a uno los candados el clima era de alta
tensión. "Se cortaba el aire con un cuchillo" fue
su expresión textual- relató Patricia.
-Y no era para menos.
El contenido del baúl podía cambiarle la vida a los
veinte amigos- agregó Juanita.
-El caso es que cuando
finalmente se abrió la tapa se encontraron que estaba lleno
de piedras, arriba de las cuales había un corte de manga de
una prenda del muerto- terminó de relatar.
-Era para morirse, ¿se
imaginan la cara de los herederos? Después de haber hecho cuentas
en el aire- fijo Pablo con tono burlón.
-¡Qué momento!
A pesar de que como broma es buenísima, no deben haber apreciado
el sentido del humor del amigo muerto- sentenció María
Teresa.