
Feria:
época propicia para leer libros ajenos a la profesión,
todo sea para reconectarse mejor al recomenzar la actividad. Leí
"Canon Occidental" de Harold Blum. Excelente libro de crítica
literaria. Su autor, pone en el centro del canon occidental a Shakespeare,
junto a Cervantes, acompañados por una selecta compañía
de autores de diversas épocas. Vale la pena leerlo.
Pero otro es el canon
preocupante que rige nuestras vidas, en Occidente y está vinculado
con lo que ocurre dentro del canon esencial de la sociedad, cada vez
más atrapada por la globalización.
Dice Naomi Klein, especialista
en el tema, que hay un genuino nuevo orden mundial: los continentes
fortaleza y los que deben mendigar. Los primeros son los que suman
fuerzas para extraer favorables franquicias comerciales a otros países,
mientras patrullan sus fronteras compartidas para mantener fuera a
gente de esos países. La paradoja reside en que los países
fortaleza, necesitan tener más de un país pobre dentro
de sus fronteras, porque alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
Esto ocurre en EEUU y también en la Unión Europea, en
la que la autora distingue tres clases de países: los que integran
la nobleza (Francia y Alemania) los centinelas (España y Portugal)
y los países del este europeo que revisten el carácter
de siervos, proporcionando mano de obra barata para bajar los costos
de los productos y aumentar su competitividad .Esa podría ser
la clave de la sospechosa tendencia de la U.E. para admitir cada vez
más países del este, mientras Francia e Inglaterra pregonan
que recibirán sólo a inmigrantes que demuestren estar
suficientemente calificados para ser incorporados a sus empresas.
Entretanto, los países de los continentes cerrados, deben mendigar
para obtener precios casi irrisorios para los alimentos que producen
y necesitan exportar imperiosamente, aun al precio de conservar parte
de la población por debajo de la línea de pobreza, esto
es, hambreada.
EEUU y la Unión
Europea, cierran filas para afrontar el crecimiento de China, Rusia
y del extremismo islámico. El ex premier francés Balladur,
dijo: "Se está comenzando a hacer historia sin Occidente
y quizás algún día se la haga en contra suya."
Angela Merkel, reclama la necesidad de combinar fuerzas a favor de
los intereses comunes europeos," de los valores con los que se
desea vivir". Justamente esos valores tradicionales están
desapareciendo a pasos agigantados y ésta es la mayor amenaza
para Occidente. En la base de este deterioro, está el culto
de lo que se llama "el envilecimiento de la temporalidad".
Naomi Klein coincide con
Zygmunt Bauman ("Vida de consumo" entre otros libros del
lúcido sociólogo) en la instrumentación por el
capitalismo globalizador de la maniobra de provocar dolor y daño
deliberado en la gente, para una mejor manipulación de la misma.
Se la despersonaliza, entre otras técnicas, mediante el uso
de software que imponen el maltrato automático al cliente que
no es rentable de acuerdo a los estándares de ganancia adoptados,
favoreciendo la conversión de los consumidores en objetos de
consumo.
"La mayoría
de los Estados nación abocados a la transformación del
capital y el trabajo en mercancía, se encuentran en déficit
de energía y recursos, resultante de la exposición de
los capitales locales a la durísima competencia generada por
la globalización del capital, el trabajo y los mercados de
materias primas. En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse
en sujeto sin antes convertirse en producto."
Una prueba de ello está
en los cuarenta y siete millones de libras esterlinas que se estima
se invertirán en 2008 sólo en "citas por Internet"
para encontrar pareja, en Gran Bretaña. El nuevo canon occidental
es el consumismo, patrón de las relaciones interpersonales.
En Asia, el intercambio
personal ha dejado de existir, únicamente es válido
el contacto por Internet. Solamente el que se exhibe existe, de ahí
el auge de las agencias del sistema que requieren fotografías
de los aspirantes, un relato de su vida personal, los precios accesibles
de las cámaras web, etc. todo altamente reemplazable por las
novedades técnicas que están al acecho del comprador.
"La sociedad de consumidores
es impensable sin una pujante industria de eliminación de residuos"
dice Bauman.
El problema es que todos
corremos el riesgo de convertirnos en residuos e ir desapareciendo
a medida que el tiempo "ahorista" refuerce las esos requisitos,
cuya condición es la precariedad. No hay continuidad, solo
el presente, susceptible de ser reemplazado rápidamente.
Es un tema que da para
reflexionar, pero todo artículo tiene su fin.
No sé porqué de pronto me acordé de una comedia
musical que se dio hace años en Bs. As. , cuyo título
era "Paren el mundo, me quiero bajar".
Debe ser el resultado
de las altas temperaturas veraniegas y de la presión ejercida
por la globalización.