Dialoguitos en el foro  
 

Dilapidando recursos

por el Dr. Juancho No
 

Crucé Plaza Lavalle enfilando derechito para Ulpiano, con la intención de leer el diario y tomar un reparador cafecito de media mañana. Entré, le pedí a Beto y me mandé para el Salon VIP. Allí estaban las chicas, como casi siempre, cuchicheando entre ellas.
-¡Hola!- dije mientras arrastraba una silla de la mesa de al lado y acomodaba mis petates.
-¿Qué tal Juancho?- me contestó Juanita levantando sus ojos de un texto que estaba leyendo.
-Disfrutando de este otoño primaveral, aunque parece que mañana se pudre todo y llueve- respondí.
-Estábamos leyendo un fallo que hoy bajé de la computadora porque realmente me causó gracia, si no fuera porque es patético- sintetizó Patricia.
-¿Y de qué se trata el fallo tan gracioso y patético a la vez?- pregunté intrigado.
-Mirá, resulta que la policía pescó a un tipo que en Corrientes y Alem había sacado de un teléfono público nueve pesos con setenta en monedas, lo llevó en cana, lo procesaron por robo en grado de tentativa y le fijaron un embargo de dos mil pesos- reseñó Patri.
-¿Qué, rompió el teléfono para sacarlas?- pregunté pensando en la configuración del robo.
-No, las había sacado poniendo un alambre por la ranura donde se ponen las monedas, logrando así hacer caer por la boca destinada a la devolución de las mismas y guardándoselas en el bolsillo- relató Juani.
-Pero eso es hurto, no robo, porque no utilizó violencia en las cosas- exclamé rememorando la distinción que nos había enseñado el benemérito profesor González Garland.
-Bueno, eso es parte de la apelación que estoy leyendo. La Cámara le revocó la calificación de robo y lo dejó en hurto, pero mantuvo el procesamiento atento que "se cuenta con elementos de convicción suficientes para estimar que existe un hecho delictuoso y que el imputado habría participado en su comisión"- respondió Patricia leyendo textualmente.
-Yo creo que es un soberano disparate, porque fijate todos los recursos que se pusieron en marcha para investigar un delito de menos de diez pesos- dijo Juanita con aire académico.
-En realidad deberíamos replantearnos como sociedad que, atento lo mal que anda nuestro sistema penal, no tenemos capacidad para juzgar todos los ilícitos que se cometen, y entonces debemos aplicar un criterio de selectividad que nos permita hacer más eficiente el sistema. Eso es lo que hacen en Inglaterra, donde no todo va a juicio, porque a la hora de punir debemos poner en la balanza el bien jurídico que estamos protegiendo y elegir aquellos hechos que tienen una mayor repercusión social por el daño cometido- reflexioné en voz alta.
-Bueno, algo así dice el voto de uno de los miembros de la Sala, que votó en disidencia- afirmó Juanita.
-Mirá, el voto en disidencia del Dr. Bunge Campos dice: "el patrimonio no es un elemento abstracto, sino un atributo de la personalidad, como tal no debe juzgarse en forma aislada, sino en relación con su titular. Lo que para uno es una afectación nimia e insignificante, para otro puede ser una afectación trascendente. Por ello el análisis de la afectación al bien jurídico no puede hacerse en forma abstracta o meramente formal. Desde el punto de vista de la teoría del delito, la afectación del bien jurídico cumple una función limitante de la tipicidad, no integrándola, de modo tal que una lesión insignificante, resultaría, por ende atípica al no revestir entidad suficiente para demandar la intervención del Estado"- leyó Patricia.
-Yo una vez le escuché decir a Zaffaroni que hay "casos en los que la afectación es mínima y el poder punitivo revelaría una irracionalidad tan manifiesta como indignante"- relaté.
-Eso es lo que te digo. Decime, si hacemos la cuenta de la inversión que tuvo que hacer el sistema para armar esta causa, el tiempo de dos miembros de la Policía Federal, que seguramente descuidaron el control de esa zona para llevar al sujeto a la comisaría, el papel, la tinta, las fotografías que tuvieron que sacar, el ingreso en el juzgado de instrucción, el tiempo del empleado, del Secretario, de quien lo tuvo que conducir desde la comisaría hasta tribunales, el tiempo del defensor oficial, la apelación, el trámite en la cámara y las ulterioridades que llevarán a la realización de un juicio oral, que seguramente terminará en una probation que después nadie controlará o en un juicio abreviado, te vas a dar cuenta que es irracional el procesamiento- detalló Juanita.
-Es que lo más probable que cuando llegue a la instancia de acusar el fiscal se encuentre con que no tiene pruebas, más que los dichos de los policías, cuya credibilidad ultimamente está en duda, y todo termine en un sobreseimiento- finalicé.
-La solución para este tipo de delitos in fraganti con resultados mínimos tal vez sería un juicio mucho más simple y rápido, pero semejante despliegue solo consigue que los casilleros de los juzgados de instrucción y de los correccionales estén llenos de expedientes y no se puedan resolver causas de mayor volumen y trascendencia social- dijo Juanita.
-Lo cierto es que alguna medida hay que tomar, porque si seguimos así, un día nos vamos a quedar atrapados en la montaña de papel, con perejiles en las cárceles o en las comisarías, y con los verdaderos delincuentes vivitos y coleando- dije con cierta pesadumbre al tiempo que le pagaba a Beto y me fui apresuradamente rumbo a mi próximo expediente.

 
  Esta nota fue publicada en Fojas Cero Nº 171 de mayo de 2007
 
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