A raíz de la nota de la Dra. Anery Belda, publicada en diciembre
pasado, sobre la utilidad de incorporar la grafología como
medio probatorio, se suscitó un gran interés sobre el
tema. Decidimos investigar cuál es la recepción que
tiene en los tribunales esta prueba.
Nos
encontramos en la investigación con la Dra. Clementina Montoya,
flamante titular del Juzgado Civil N° 66, quien nos relató
su experiencia. Siendo Secretaria le tocó intervenir en dos
expedientes donde la pericia grafológica fue utilizada. En
un caso era una simulación, y en el otro una nulidad de testamento.
Nos
contó que en ambos casos fueron los abogados quienes solicitaron
la realización de esa pericia, conjuntamente con la caligráfica.
Y el juez decidió, en virtud de la amplitud probatoria, hacer
lugar a la medida. Como no existían listas de peritos en la
Cámara libraron oficio al Instituto Emerson -uno de los cuatro
actualmente habilitados para expedir el título- para que les
suministrara un listado de personas capacitadas para llevar adelante
esa pericia.
Hoy
existe la Asociación de Grafólogos Oficiales de la República
Argentina, que otorga la matrícula habilitante, el título
es oficial y la duración de la carrera es de dos o tres años,
según el lugar en que se curse. Funciona en Bartolomé
Mitre 2082, 2° Piso de la Ciudad de Buenos Aires, Tel. 4953-5130.
Mayor información se puede recabar en www.grafologiaoficial.com.ar
Las
Cámaras tienen actualmente lista de Peritos Grafólogos
inscriptos que se encuentran habilitados para realizar la pericia.
Conversamos
telefónicamente con la Perito Grafóloga Adriana Ziliotto,
a cargo de la entidad, quien nos agregó que desde hace 10 años
el título es oficial. Personalmente a ella le tocó intervenir
en un caso en el que la causa se había caratulado suicidio,
pero a raíz de algunos indicios se presumía que podría
haber sido un homicidio, y ella peritó una carta que había
dejado la ocsisa, para determinar si había sido escrita bajo
presión o amenazas.
En
otro caso debió peritar cartas que un cónyuge le envió
al otro, en un proceso de divorcio, y contrastó la escritura
con las notas del cuaderno de comunicaciones de sus hijos.
Sondeamos
a jueces de distintos fueros y abogados en ejercicio de la profesión.
Notamos que existe un gran desconocimiento sobre el rigor científico
de esta pericia.
Como
dice el gran maestro Berizonce el motor anónimo de la
jurisprudencia es el abogado. Si no hubiera abogados que se atrevieran
a hacer planteos novedosos la jurisprudencia no avanzaría.