En los departamentos
judiciales del interior, especialmente en los chicos, es una tradición
el "juzgado de puertas abiertas", es decir que los letrados
tienen fácil acceso para hablar con el juez y demás
integrantes del organismo. Eso sirve apara agilizar los trámites,
acordando detalles que no hacen al fondo del asunto.
No existe el temor
a la parcialidad. Es elemental que un juez no se dejará convencer
por un letrado que no tiene razón, por el solo hecho de que
haga un "alegato de oreja" abusando de la entrevista concedida.
Además,
es harto sabido que en el trabajo de conciliación, muchas veces
conviene hablar por separado con cada uno de los abogados, para poder
llegar a un acuerdo.
Soy un entusiasta
de esa costumbre un tanto campechana y, en el juzgado de Pergamino
que tuve a mi cargo, coloqué un teléfono inalámbrico
en mesa de entrada para que cualquier interesado pudiera conectarse
rápidamente conmigo, secretario y/o empleados. Actualmente
estoy jubilado, pero ese aparato sigue funcionando.
Esta tendencia
a la comunicación, no es exclusiva del interior. Conozco algunos
juzgados de la ciudad y Gran Buenos Aires que la practican.
Diego Dagorret, un secretario de San Martín, ha desarrollado
un enfoque que -desde hace tiempo- practica: "Trabajar con
los abogados y no contra ellos" (ver Fojas Cero Nº 133,
pág.1); y el juez de La Matanza Domingo Altieri, ha colocado
una página en internet en la que ofrece dialogar por correo
electrónico, con el lema: "No queremos verlo más...
haciendo colas innecesarias".
No pongo en duda
las buenas intenciones de los integrantes de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación cuando dictaron la acordada Nº 7/2004, al
restringir las audiencias con una de las partes en juicios contenciosos,
pero me atrevo a hacer una pregunta:. ¿será un progreso
o un retroceso para la agilidad de la gestión judicial?.
Pelayo Ariel Labrada
palabrada@ciudad.com.ar