Dialoguitos en el foro
 

Abogada Melliza

 
 
por el Dr. Juancho No
 
 

Con los primeros días de marzo y las blancas polomitas ya en la calle el año oficial dijo presente y la zona de Tribunales recobró su habitual fisonomía, con algún que otro dorado caribe brillando todavía por ahí. Febrero fue a media máquina porque colapsó el sistema informático del Poder Judicial y durante cuatro días no se pudieron iniciar expedientes. Ahora, lentamente, todo vuelve a la normalidad y volvemos a encorsetarnos en el jetra y la corbata para hacer la tarea diaria. En esas divagaciones andaba cuando entré en Ulpiano, le pedí a Beto un cortadito de paso al salón VIP, y allí me encontré con las chicas.
-¡Hola Juancho!- se adelantó a saludarme Patricia.
-¿Qué tal chicas?- inquirí mientras me acomodaba a la mesa y hacía lugar para que Beto me sirviera el café.
-Acá andamos, Juancho- dijo Juanita con un tono no muy optimista.
-Parece que el horno no está para bollos- dije mientras con el ceño fruncido miraba a Patricia en busca de una pista.
-Juani está amargada porque acaba de descubrir que tiene una colega "melliza" que anda haciendo estragos por ahí- relató Patricia para ponerme en autos.
-¿Cómo que una colega melliza?- pregunté sorprendido.
-¿Viste como hay autos mellizos?, bueno yo tengo una abogada "trucha" que firmó con mi nombre, tomo y folio y me metió en un quilombo de aquellos- sintetizó Juanita.
-¿En qué quilombo te metió?- pregunté realmente sorprendido.
-Mirá, en un expediente del que yo no tenía la menor idea que existía aparece un escrito con una firma que dice ser de la Dra. Juanita Larrechea, con el tomo y folio mío y un domicilio constituido en una casa por la que nunca pasé ni a diez kilómetros, impugnando un retiro de fondos de otro colega- contó.
-¿Pero es tu firma falsificada?- pregunté con cierta lógica.
-No, la firma es cualquiera, no resiste el menor análisis, pero con ese escrito lograron trabar ese retiro de dinero- me respondió.
-¿Y vos cómo te enteraste?- pregunté ansioso.
-De la peor manera, por una citación del Tribunal de Disciplina del Colegio por la denuncia que me hizo el colega afectado. Casi me desmayo cuando la veo, en mi vida me imaginé que esto podía pasarme- dijo.
-Me imagino… che… ¿y conocés a alguien de ese expediente?- pregunté.
-No, no conozco a ninguna de las partes, ni a los letrados que intervinieron- dijo contrariada.
-¿Y de dónde sacaron tus datos?- pregunté sin pensarlo demasiado.
-Que se yo, pero puede ser de la guía telefónica, o de un sello en alguna cédula u oficio en canastilla de cualquier juzgado…-dijo no muy convencida.
-Mirá, hoy ya no hay secretos para nadie. Pasan por la puerta del estudio, anotan el nombre que hay en la chapa o en el indicador del edificio, después entran en la página del Colegio Público, te buscan por el nombre y ahí tienen todos los datos necesarios. Tomo y folio y hasta el domicilio constituido y el teléfono, con lo cual truchar una presentación no es nada complicado- explicó Patricia con rigor lógico.
-Si, tenés razón. Pero algo habría que hacer para protegernos de esas cosas, porque lo que te pasó a vos le puede pasar a cualquiera- dije.
-Ahora dicen que con el bono personalizado va a ser más difícil truchar presentaciones, porque cuando firmás por primera vez tenés que acompañar un bono que el Colegio emitió con tu nombre y con normas de seguridad que lo hacen inviolable- explicó Juanita.
-Yo siempre pensé que esos datos tan al alcance de la mano de cualquiera, si bien en la mayoría de las oportunidades es beneficioso, porque permite localizar colegas, puede resultar peligroso. En el Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas, por lo menos hasta hace unos años, no te daban el domicilio y el teléfono de un Contador ni que se lo pidieras de rodillas. Yo una vez fui, en realidad para hacerle una gauchada al contador que tenía honorarios depositados en un expediente muy viejo y se había mudado. No hubo forma de que me dieran el teléfono, la respuesta que me dieron es que lo pida el juez por oficio- conté.
-El tema es que ahora se va a tener que comer el garrón de que se instruya la causa, porque hasta que se hagan las pericias escopométricas, se determine que no fue ella la que firmó, el tema no va a terminar, y aunque tiene que estar tranquila porque si ella no firmó, nada le puede ocurrir, yo no quisiera estar en su pellejo- dijo Patricia.
-¿Y no probaste hablar con el colega y explicarle?- pregunté.
-Mirá, cuando me enteré no me daban las piernas para ver el expediente, para ver de qué se trataba. Después llamé al abogado que está interviniendo actualmente por esa parte, que se hizo el distraído y miró para otro lado, y por último traté de comunicarme con el colega perjudicado, pero no me quiso atender. Me mandó a decir por la Secretaria que él no hablaba con delincuentes y que nos íbamos a ver en el Tribunal de Disciplina- relató.
-¡Qué duro!- dije pensando en lo enojado que debe estar para cerrar todas las puertas.
-La cuestión que ahora tengo que esperar con el Jesús en la boca, que toda esta pesadilla termine- dijo con resignación Juanita, mientras terminaba su café, recogía sus cosas y se iba a ver a su abogado defensor.

 
 
Esta nota corresponde a la Edición Nº 136 de Fojas Cero de Marzo de 2004
 
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