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Un juez que cumple con la ley

Lentamente en febrero Plaza Lavalle va retomando la fisonomía habitual. Trajinados abogados y abogadas corren de un edificio a otro, suben y bajan escaleras, hacen interminables colas para tomar el ascensor, cruzan a tomar la camioneta que los trasladará a Inmigrantes. Lo único que cambia es el dorado de sus pieles, que el sol de la costa, o de Punta o de Camboriu ha dejado como un sello indeleble. En esas divagaciones estaba cuando entré en Ulpiano y me encontré a Juanita sola leyendo el diario.
-¡Hola Juani!- dije sobresaltándola.
-¡Hola Juancho!- respondió quitándose los anteojos y replegando el diario para hacerme lugar en la mesa.
-¿Ya estás otra vez en autos?- pregunté sabiendo lo que a la flaca le costaba reengancharse con la rutina.
-Y, de a poquito ¿vio?- dijo con una sonrisa cómplice.
-¿Ya hiciste toda la recorrida?- pregunté para saber si tenía tiempo para charlar o en cinco segundos iba a partir raudamente hacia una próxima mesa de entradas.
-Si, Juancho. A mi en verano me gusta empezar a las siete y media, viste, a la hora que no hay casi nadie y todo se hace más rápido y a esta hora que la temperatura sube me gusta relajarme y descansar hasta la tarde en que empieza el otro trajín- relató puntillosamente.
En ese momento, casi como una tromba entró Patricia, que venía con el rostro desencajado, excitada y resoplando.
-¡Hola chicos! ¡qué suerte que los encuentro!- dijo con la respiración entrecortada.
-¿Qué te pasó Patri que venís tan desaforada?- preguntó Juanita, mientras yo le pedía a Beto que sirviera un cortado más.
-Mirá, todavía no lo puedo creer. Encontré un juez que cumple con la ley…- dijo con un tono intrigante como para crear el suspenso.
-¿Cómo Patri que encontraste un juez que cumple con la ley? Todos los jueces cumplen con la ley, o al menos deberían…- dijo Juanita asombrada.
-Si, hacés bien en aclarar que deberían, así, en pretérito indefinido, porque yo estoy harta de que no la cumplan y a nadie se le mueva un pelo- dijo verdaderamente enojada.
-¿Podés explicar de qué estás hablando?- dije sin comprender de lo que estaba hablando.
-Digo que encontré un juez ejemplar, que dio estricto cumplimiento a la Ley 24573 y al Decreto Reglamentario 91/98- aclaró sin aclarar demasiado.
-¿Lo qué?- dijo Juanita encarnando al tierno personaje de Catita.
- Bueno, se los paso en limpio- amenazó Patricia gozando con el suspenso creado.
-Si, dale. Conseguiste intrigarnos- le dije dejándole entrever una dosis de ansiedad.
- El tema es así. Yo soy mediadora desde hace muchos años, y al principio, cuando la mediación se hizo obligatoria me inscribí en el Registro del Ministerio e hice una carrada de mediaciones. La mayoría fueron mediaciones que no prosperaron y los asuntos terminaron en juicio. Yo me tomé el trabajo de presentar un escrito en cada uno de los expedientes diciendo ¡aquí estoy! para cuando llegue la hora de cobrar. Que te cuento que con los años le perdí la pista a muchos de esos expedientes, porque a veces es más el tiempo que tenés que emplear en localizarlos que lo que te va a redituar en honorarios. Ahora, buscando desde diciembre un expediente que ya tenía sentencia firme, liquidación aprobada y todo el piripipí, para pescarlo y pedir mis honorarios antes que lo archivaran me encontré con un despacho ejemplar- relató de un tirón.
-¿Y qué decía?- pregunté dándole pie para que pusiera fin a la intriga.
-A un escrito de la actora pidiendo cheque dispuso que no se podían retirar los fondos del expediente hasta tanto no se notifique a la mediadora o sea a mí--sintetizó con sobrada elocuencia.
-¡Qué bien!- dijo Juanita sin mucho entusiasmo.
-¿Sabés la cantidad de veces que cuando dejás pasar un tiempito sin ver el expediente te lo encontrás terminado y paralizado o archivado?- preguntó Patri indignada por la indiferencia nuestra.
-¿Y por que no los denuncias por incumplimiento de los deberes de funcionario público?- le contesté preguntando.
-Y, porque generalmente el que revisa el expediente es un pinche. ¿Vos no creerás que el juez va casillero por casillero ordenando archivar expedientes terminados?- dijo con fastidio.
-No, pero la cadena de mandos hace que si él da la orden de que se tomen esos recaudos antes de archivar un expediente nada de eso pasaría- dije.
-Si, además si el sistema funcionara siempre los mediadores nos ahorraríamos el trabajo de hacer el seguimiento de cientos de expedientes por años. Sería un enorme ahorro de energía, tiempo y recursos- dijo Patricia.
-Mirá, en la provincia lo resolvieron muy sencillamente. Hacen responsable patrimonialmente al funcionario que ordene el archivo de actuaciones que tengan pendiente el cobro de la tasa de justicia. Con eso solito lograron que nadie se olvide de controlarlo- explicó Juanita.
-Si, parece que cuando te tocan la viscera más sensible, que es el bolsillo propio, la cosa cambia- agregué.
-Bueno, che, déjenme disfrutar de estos cinco minutos de gloria, ahora que ocho años después de haber laburado voy a cobrar como trescientos pesos- dijo con una indisimulada ironía.
-Bueno, nena, por hoy pago yo el café, pero cuando te den el cheque invitás vos- dije mientras le pagaba a Beto y seguía mi camino.
 
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