
La
feria quedó atrás y la ciudad va de a poco recuperando
su fisonomía habitual, sin chicos brotando de las baldosas
como la humedad y con los tribunales calentando las máquinas
para enfrentar la segunda mitad del año. Entré en Ulpiano,
otra vez lleno de bogas en recreo, le pedí a Beto un cortado
y me mandé para el Salón VIP, para reencontrarme con
las chicas.
-¡Hola!- dije haciendo señas cómicamente con la
mano.
-¡Hola Juancho¡- contestó Patricia muerta de risa
por mi jocosidad.
-¿Qué tal? ¿Cómo te fue en la feria?-
preguntó Juanita también hilarante.
-¿Se despidieron de las ferias judiciales?- les pregunté
para clavarles el puñal.
-¿Cómo que si nos despedimos?- bramó Patricia
histérica.
-Si, parece que hay un proyecto para eliminar las dos ferias y que
nunca se suspendan términos en la justicia- dije sabiendo el
efecto de bomba que generaba.
-¿De quién es el proyecto?- preguntó Juanita.
-Parece que en un estudio por el mejoramiento del servicio de justicia
se determina que los 45 días anuales en los que se suspenden
términos son una causa de los males de la justicia y entonces
encuentran como solución que no haya más feria- relaté
sin precisar mucho de dónde venía la idea.
-Si, esa es una idea de Blumberg, y me parece que la apoya el FORES-
dijo Juani siempre tan bien informada.
-El que plantea eso lo que quiere es eliminar el ejercicio de la profesión
artesanal a favor de los grandes estudios, que son los que se beneficiarían
con semejante medida. Te imaginás que si nunca suspenden términos
un abogado que trabaja sólo jamás se podría ir
de vacaciones mientras que en los grandes estudios siempre alguien
cubriría las espaldas del que se va, sin riesgo para el cliente.
Sin duda que todo eso encarecería los costos de un litigio-
dije seguro de interpretar el sentimiento de mis colegas.
-¿Y a los jueces y a los empleados les van a sacar las vacaciones?-
preguntó Patricia.
-No, porque ellos se tomarían licencia alternada y cuando la
mitad se va de vacaciones la otra parte la suple, de modo que los
únicos que, nos jorobamos somos nosotros, porque si no te suspenden
los términos cómo hacés para irte tranquilo.
Te llega un traslado que tenés que contestar en tres días
o te fijan una audiencia y qué carajo hacés- dije con
bronca.
-Si, a mi esto de que la feria de capital y de provincia no coincidieran
totalmente me arruinó mis planes. Yo me pensaba ir 15 días
a Salta y tuve que quedarme, porque nunca sabés por dónde
te puede saltar la liebre- asintió Patricia también
con bronca.
-Mirá, a mi no me jodió porque no pensaba irme a ningún
lado, pero admito que la feria es algo que todos tenemos incorporado
y es como una posta en la mitad del año. Ahora si también
quieren sacar la feria de enero y piensan que con eso se van a acabar
los males de la justicia están equivocados. El problema no
es lo que no se hace en enero, el problema es lo que no se hace en
los once meses restantes. No es cuestión de cantidad, sino
de calidad- respondí.
-¿Alguien tiene idea de cómo es en otros países
del mundo?- preguntó Juanita.
-No, la verdad es que no, pero imagino que habrá que hacer
un convenio de suspensión de términos con el colega
de la otra parte para poder tomarte unos días de vacaciones
sin que un ladrillo se te caiga en la cabeza- dijo Patricia.
-Pero eso es imposible, porque te imaginás que podrás
lograr ponerte de acuerdo con algún colega, ¿pero con
todos los colegas de todos los pleitos?- dije razonando la propuesta.
-Bueno, tal vez debiéramos investigar qué pasa en otros
países, porque imagino que alguna solución debe haber-
propuso Juanita tomando cartas en el asunto.
-A mi se me ocurre que podríamos enviar la consulta a algún
foro de abogados de américa latina y de España para
que nos cuenten cómo es el tema- dijo Patricia.
-Y tal vez pudiéramos chatear con alguna página de abogados
como para preguntar, porque pienso que a través del diálogo
con otros colegas podríamos enriquecernos todos- sugerí.
-Ahora que me acuerdo, yo tengo un amigo abogado que hace años
que se fue a vivir a California. Le voy a mandar un e-mail para que
me cuente cómo es la historia allí- dijo Juanita.
-¿Por qué no preguntarles a los que están propiciando
esa reforma qué es lo que han previsto? Porque imagino que
cuando hacés un proyecto para cambiar algo tenés que
prever todas las consecuencias que traerá el cambio- reflexioné.
-No sé, por que con el afán de hacer todo lo que pedía
Blumberg hicieron las cosas tan a tontas y locas que dejaron un delito
afuera- acotó Juanita.
-Si, esa fue una burrada de los legisladores, que legislan con las
encuestas- dijo Patricia.
-Prometo ocuparme del tema y les podemos pedir a nuestros colegas,
jueces o litigantes, que hagan llegar a la Revista sus opiniones o
ideas. Tal vez exista alguna solución que a nosotros no se
nos ocurre- dije pensando seriamente en la cuestión.