Recibí
una consulta de un hombre solo que quería adoptar. Con tanto
debate en el Congreso sobre matrimonio gay o no, posibilidad de adoptar
o no, lo primero que pensé que se trataría de un homosexual
(prejuicio).
Sin embargo no
era así. A poco de profundizar en la consulta por mail supe
que el señor que se presentaba como soltero era en realidad
divorciado y con un pequeño hijo (mucha gente dice soltero
erróneamente cuando se divorcia, pero no lo es: se convierte
en di-vor-cia-do, aunque recupere la aptitud nupcial, pero nunca más
será soltero, excepto que hubieran decretado la nulidad de
matrimonio).
Como su hijo es
muy pequeño la tenencia la ejerce la mamá del niño.
El es heterosexual y tiene en sus planes volverse a casar, pero también
teme que pueda volver a divorciarse. Por eso, antes de formar nueva
pareja con una mujer, quiere adoptar un niño él solo,
de modo que si sobreviene una nueva ruptura, nadie pueda cuestionarle
la tenencia del hijo y pueda asegurarse que podrá llevarlo
con él a cualquier país, como se lo exige su profesión.
Me sorprendió
la motivación que llevaba a este hombre a adoptar.
De pronto acudieron
a mi memoria casos de hombres que al enviudar le dieron la tenencia
de sus hijos a la abuela materna, ya que ellos no se sentían
capaces de criar a los chicos sin una mujer al lado.
Y ahora algunos
hombres han cambiado tanto, que además de sus hijos matrimoniales
(una especie de "bien ganancial", dicho con todo respeto),
quieren tener un hijo adoptado por ellos solos (una especie de "bien
propio": este no se divide ni comparte al divorciarse).
Las nuevas paternidades,
dirían algunos amigos del mundo "psi".