Entré
a La Giralda en busca de un reparador cafecito de media mañana.
Allí me encontré con las chicas que estaban muy alborotadas.
-¿Qué les pasa?- pregunté mientras ocupaba un
lugar en la mesa.
-Estoy indignada, Juancho?- respondió Juanita con tono airado.
-¿Por qué estás así?- exclamé extrañado,
pues ella siempre es muy pausada para hablar.
-Porque acabo de ir a Palacio a pagar una tasa de justicia y me encontré
con que otra vez está vedado el ingreso de abogados y público
por la puerta principal del Palacio, y que hay que ir por Lavalle
o por Tucumán para entrar- relató con indignación.
-¿Cómo? ¿Otra vez?- pregunté extrañado.
-Si, Juancho, como lo oís- respondió.
-Esta es una historia que arrancó a fin del año pasado,
cuando prohibieron el ingreso por la puerta de Talcahuano a abogados
y público en general- agregó Patricia que estaba al
tanto del tema.
-Pero yo recuerdo que en ese momento el Colegio Público envió
a la Corte Suprema una nota de reclamo, en la que señalaba
que dicha medida era “un entorpecimiento y un menoscabo y discriminación
a la investidura y labor de los profesionales del derecho, máxime
lo normado en los artículos 58º del CPCCN y 5 º de
la Ley Nº 23.187” y a los pocos días el ingreso
por Talcahuano fue liberado- agregué.
-Si, pero ahora resulta que de la noche a la mañana otra vez
tomaron unilateralmente la misma medida- enfatizó Juanita.
-Vaya uno a saber quién es el funcionario o magistrado que
un día se levanta revirado y decide que no se puede cruzar
con la “chusma”- dijo Patricia irónica.
-Si, ya sé que hay jueces que se sienten dioses del Olimpo
y entonces no se pueden mezclar con el vulgo- respondió Juanita.
-¿Pero no es que los jueces tienen una puerta exclusiva para
ellos?- pregunté extrañado.
-Si, pero entrar por el costado les debe parecer que tienen que hacerlo
por la puerta de servicio y entonces quieren la exclusividad del ingreso
por la puerta principal del Palacio, toda para ellos y sólo
para ellos- dijo Juanita con sorna.
-A mi me gustaría saber quién tomó esa decisión
y por qué. Si ya en octubre de 2009 habían reculado
era porque no tenían muy firme la convicción de que
la medida era justa- dije.
-Pero la justicia no es igual para todos. Fijate que si alguna vez
tuvieron que dictar una Acordada que dijera que los abogados nos merecemos
el mismo trato que los jueces, es porque había diferencias
de hecho que había que forzar a borrar mediante el dictado
de una norma- apuntó Patricia.
-Si, pero en pocos lugares funciona, por lo menos por parte de los
empleados judiciales- siguió sosteniendo Juanita irritada.
-Pero entonces esta disposición de prohibirnos el acceso por
la puerta principal borra de un plumazo esa Acordada, porque son ellos
mismos quienes ahora nos discriminan- concluyó Patricia.
-Debiéramos hacerle un piquete en la puerta de tribunales para
reclamar nuestros derechos- dijo en tono jocoso Juanita que ya había
comenzado a calmar su irritación inicial.
-Esperemos que el Colegio vuelva a insistir con el tema y el burócrata
que tomó la medida dé marcha atrás, a favor de
la “igualdad ante la ley”- dije para terminar con el tema.
-¿Vos creés que van a volver atrás otra vez?-
preguntó Juanita.
-Sino será cuestión de plantear el tema en el INADI,
tal vez Morgado nos dé bolilla- dije con tono escéptico.
-Todo depende de dónde partió la decisión- dubitó
Patricia.
Miré el reloj, vi que ya estaba largamente excedido en mi recreo
de media mañana, le pagué a Antolín y me fui
a seguir con la recorrida del día.